La esfera rota

El Gran Almirante entraba en el puente de mando como un huracán. Los Almirantes de la Flota que se encontraban allí destacados miraron estupefactos como avanzaba hacia Orson Welss. -¡Sois escoria!- El Gran Almirante se había encarado con uno de los Almirantes, y ambas caras estaban a menos de un palmo -¿Acaso sois capaz de pedir la ciudad con la única justificación de ser parte de un bloqueo! ¡Qué usted, señor Welss, sea referente en la Academia Imperial no le da ningún privilegio! ¡YO SOY EL ESTANDARTE DE LA FLOTA! ¡YO ADMINISTRARÉ LA CAPITAL, Y POR ELLO, EL PLANETA!

Orson Welss estaba estupefacto, no quería que sus colegas se enteraran de sus planes. El Gran Almirante debió leerlo en su cara: -¿Algún problema, señor Welss? ¿Acaso se le han atragantado sus ambiciones? Es usted uno de los mejores estrategas de La Flota… ¡DESPUÉS DE MÍ! Pero… ¿Acaso cree que desconozco que su destructor «Vandyr» se movió una décima de milla estelar, hace unas horas, para tener a tiro varios acorazados planetarios? ¡Ha roto el bloqueo simplemente por no contener sus ganas de destrucción! ¿Usted, el más indisciplinado de todos los Almirates aquí presentes, cree que voy a cederle la administración de esa capital planetaria? -Welss parecía que iba a replicar -¡No hablo sólo del bloqueo! ¿Cree que el lugar dónde se encontraba usted durante el asedio de Erdún es un secreto? ¡Colonizando lo único que su mediocre mente puede, lo que hay entre las piernas de una mujer! -No hay motivo para tener que evitar ese nombre, Gran Almirante. Y no creo que usted tenga que darme a mí lecciones sobre cómo tratar… -¡SILENCIO! ¡YO soy el comandante de la nave insignia de la Flota! ¡Recuerde que puedo hacer que le detengan ahora mismo si me place! ¡Yo soy el estandarte de La Flota! ¡El centro de la ciudad y su distrito financiero, la ciudad, y el planeta, ME PERTENECEN! ¡APÁRTESE DE MI VISTA!