Archivo de la categoría: Historias de una guerra urbana

Capítulos inconexos de una guerra que nunca se escribirá en los libros de historia.

La esfera rota

El Gran Almirante entraba en el puente de mando como un huracán. Los Almirantes de la Flota que se encontraban allí destacados miraron estupefactos como avanzaba hacia Orson Welss. -¡Sois escoria!- El Gran Almirante se había encarado con uno de los Almirantes, y ambas caras estaban a menos de un palmo -¿Acaso sois capaz de pedir la ciudad con la única justificación de ser parte de un bloqueo! ¡Qué usted, señor Welss, sea referente en la Academia Imperial no le da ningún privilegio! ¡YO SOY EL ESTANDARTE DE LA FLOTA! ¡YO ADMINISTRARÉ LA CAPITAL, Y POR ELLO, EL PLANETA!

Orson Welss estaba estupefacto, no quería que sus colegas se enteraran de sus planes. El Gran Almirante debió leerlo en su cara: -¿Algún problema, señor Welss? ¿Acaso se le han atragantado sus ambiciones? Es usted uno de los mejores estrategas de La Flota… ¡DESPUÉS DE MÍ! Pero… ¿Acaso cree que desconozco que su destructor «Vandyr» se movió una décima de milla estelar, hace unas horas, para tener a tiro varios acorazados planetarios? ¡Ha roto el bloqueo simplemente por no contener sus ganas de destrucción! ¿Usted, el más indisciplinado de todos los Almirates aquí presentes, cree que voy a cederle la administración de esa capital planetaria? -Welss parecía que iba a replicar -¡No hablo sólo del bloqueo! ¿Cree que el lugar dónde se encontraba usted durante el asedio de Erdún es un secreto? ¡Colonizando lo único que su mediocre mente puede, lo que hay entre las piernas de una mujer! -No hay motivo para tener que evitar ese nombre, Gran Almirante. Y no creo que usted tenga que darme a mí lecciones sobre cómo tratar… -¡SILENCIO! ¡YO soy el comandante de la nave insignia de la Flota! ¡Recuerde que puedo hacer que le detengan ahora mismo si me place! ¡Yo soy el estandarte de La Flota! ¡El centro de la ciudad y su distrito financiero, la ciudad, y el planeta, ME PERTENECEN! ¡APÁRTESE DE MI VISTA!

 

 

Los sueños de la fortaleza

‪La periodista se afanaba en prepararse y colocarse en el encuadre. Quedaban unos segundos para salir al aire…

Ayer, a las 18:30, fuentes del gobierno informaban de una revuelta en la Prisión Militar de Bammont, que se encuentra en la fortaleza del mismo nombre. En lo que ya se denomina como «La noche agitada de Bammont» un grupo de hombres armados consiguió traspasar diversos controles de seguridad fuertemente armados, y entrar en el sector en el que se encontraban los exmiembros de la Fuerza Aérea apresados por los eventos ocurridos durante y tras «La Noche de La Línea Negra». Mientras en un primer momento pudiera parecer que los hombres se habían colado para realizar una ejecución indiscriminada de todos aquellos exmiembros de la Fuerza Aérea, tras disparar entre los barrotes a todos los internos que se encontraban en varias celdas, la liberación de los que fueron oficiales senior, que se encontraban en una única celda, hace a las autoridades tener que investigar si dicho movimiento se trataba de una distracción cuyo fin era ejecutar a todos los prisioneros, o de un complot para intentar sacar de la prisión ese reducido grupo de hombres. No obstante, a los segundos de que sucedieran los primeros disparos, el sector en el que se encontraban los exmiembros de la Fuerza Aérea fue aislado y asegurado, poniendo también en alerta todo el Fuerte Bammont. Tras asegurar el resto de la prisión, un equipo de asalto accedió al sector, encontrando a todos los prisioneros y asaltantes fallecidos. Fuentes cercanas a la parte más alta de la cadena de mando nos aseguran que el gesto es considerado por el ala más conservador como «un acto de heroísmo» y «una victoria que no se podía hallar de otra forma», asimismo aseguran que es improbable que la investigación exista con un mínimo de rigurosidad y que será cerrada con la mayor inmediatez posible «cerrando una de las etapas más oscuras de nuestra civilización». Desde Fort Bammont, cerramos a la espera del desarrollo de estas últimas informaciones.

La balanza de Osiris

«And If I just mind wake up alone…»

-Entonces… ¿Comprendes que no luchar por mí te desgastará hasta que te consideres derrotado antes de empezar? ¿Y qué si luchas, serás rechazado y derrotado? ¿Por qué no me olvidas antes, si quiera, de querer recordarme?

-Ante una pérdida inminente… ¿No es lo habitual intentar obtener la derrota menos dañina?

-¿Qué vas a hacer, pues?

– Dado que luchar hasta el final es malgastar fuerzas y prolongar la derrota, lo conveniente es reagrupar al contingente y lanzar un ataque, directo a tu corazón.

-¿Y cuando mi cabeza te rechace y seas derrotado?

-No importará. Pues a esas alturas seré imbatible si me muevo rápido y evito una emboscada.

-Pero habrás perdido la batalla.

-Tú misma has dicho que la batalla está perdida antes de empezar. Una batalla perdida no implica perder un frente. Un frente perdido no implica perder la guerra.

-¿Sufrirá tu corazón?

-El peso de su importancia a la hora de decidir la estrategia debe ser menor que el de una pluma. De lo contrario, seré masacrado.

-No me has respondido.

-Ya sabes la respuesta. Eres tú la que me está obligando a movilizar a las tropas.

Noches anaranjadas

Y por aquella ventana abierta, entraba el ruido de las olas chocando contra el muro del paseo marítimo.

La luz anaranjada y tenue de las farolas de la calle, acompañaba la oscuridad de la noche; y el brillo de sus ojos, que sonreían apoyados en la ventana.

Y desde aquél sofá salió otra sonrisa, como respuesta al sentido de la vida.

Una última cosa

El viejo Bob vivía en un tercero, en un apartamento de mala muerte en las afueras de la ciudad. En aquel momento, estaba echado en su sofá mientras veía un partido de béisbol en el que jugaba su equipo favorito.

Era media tarde y el barrio estaba prácticamente vacío. Por eso, el sonido de varios frenazos se oyó con claridad desde su sofá. Bob se levantó para mirar que ocurría, y al asomarse por la ventana alcanzó a ver tres furgonetas negras delante del portal, tenían todas las puertas abiertas . De ellas salían varios hombres, se disponían a entrar en el edificio.

A Bob, debido a su avanzada edad, le costaba mucho caminar. Aún así, decidió cruzar la habitación para llamar a la policía. Cuando ya había descolgado el teléfono, oyó unos gritos tras su puerta.

Todavía no había fijado su mirada en la puerta cuando esta cayó estrepitosamente contra el suelo, creando un gran ruido. Y entonces entraron unos 15 encapuchados, todos totalmente de negro.

-¡VEN AQUÍ VIEJO DE MIERDA!- Gritó uno de ellos, acompañándolo con unas risas.

-No tengo nada, no tengo nada-. Gemía el anciano, sujetándose a duras penas con su bastón.

-¡CLARO QUE NO TIENES NADA! ¡SOIS ESCORIA!¡Quién iba a querer daros algo?

Bob intentaba zafarse de aquellos hombres ignorando que estaba protagonizando una escena ridícula en aquél burdo intento de caminar hacia atrás

-¡NO HUYAS OTRA VEZ!

Uno de aquellos encapuchados le dió una patada a su bastón. Por ello, Bob no pudo evitar caerse, y justo tras golpearse contra el suelo varias manos le agarraron y le levantaron.

-¡AHORA VAS A VER LO QUE ES QUÉ ALGO SE CAIGA DE VERDAD!

Sacaron a Bob a rastras de su apartamento, y bajó cada tramo de escaleras a empujones. Golpeándose con todos los escalones mientras su cuerpo rodaba escaleras abajo.

-¿VES! ¡TE DIJE QUÉ ESTA RATA AGUANTARÍA VIVA HASTA EL PORTAL! ¡ME DEBES LA PASTA!- Gritaba uno de los encapuchados a otro.

-¿Qué tal Bob? ¿Te gusta el béisbol, no? Hemos traído -añadía otro hombre entre risas- unos bates de tu equipo favorito…

Y allí mismo, bates de béisbol en mano, a puñetazos y a patadas, le propinaron una paliza mortal al viejo Bob.

Algunos vecinos, al oír los gritos de Bob y las carcajadas de aquellos hombres, se asomaron a las ventanas. Vieron cómo sacaban a Bob por el portal. Ya estaba muerto. Estupefactos, presenciaron cómo ataban a Bob a la parte trasera de una furgoneta por una de sus piernas. Entre risas, dos hombres montaron en la furgoneta, y dejando un rastro de sangre, arrastraron el cuerpo de Bob por el asfalto de las calles adyacentes.

Cuando creyeron que había sido suficiente, volvieron al edificio y abandonaron el cuerpo de Bob enfrente del portal. Montaron todos en las furgonetas, y entre carcajadas, se dieron a la fuga.

Montañas Afiladas

El viento mueve los árboles creando, junto a tus aullidos, una banda sonora inigualable… Aullas porque hace demasiado tiempo que no corremos por los caminos de estas montañas. Te has hecho viejo, mi querido amigo canino, y aunque quieras, aquello ya no podemos hacerlo juntos…

Estoy aquí, a los pies de la montaña, con un compañero. Unas luces tenues alumbran el puesto en el que hacemos vigilancia. A tu alrededor, viejo amigo, se refleja la luz de la luna en las bayonetas del enemigo.

Tus aullidos y sus pasos descendiendo por la ladera se oyen a lo lejos, montaña arriba. Ya están a tu lado, y pronto, estarán aquí abajo.

Imperios derrumbados

-Hoy tu imperio ha caído.
-Yo nunca he tenido un imperio.
-Pero si me han dicho que eras emperador…
-La gente dice muchas cosas, eso no las convierte en realidad. Pero sí, hoy ha caído un imperio. La semana pasada cayó el primero, la semana que viene caerá el último.
-¿Y ahora?
-Ahora hemos de convivir con la responsabilidad de haber tomado decisiones.