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Una última cosa

El viejo Bob vivía en un tercero, en un apartamento de mala muerte en las afueras de la ciudad. En aquel momento, estaba echado en su sofá mientras veía un partido de béisbol en el que jugaba su equipo favorito.

Era media tarde y el barrio estaba prácticamente vacío. Por eso, el sonido de varios frenazos se oyó con claridad desde su sofá. Bob se levantó para mirar que ocurría, y al asomarse por la ventana alcanzó a ver tres furgonetas negras delante del portal, tenían todas las puertas abiertas . De ellas salían varios hombres, se disponían a entrar en el edificio.

A Bob, debido a su avanzada edad, le costaba mucho caminar. Aún así, decidió cruzar la habitación para llamar a la policía. Cuando ya había descolgado el teléfono, oyó unos gritos tras su puerta.

Todavía no había fijado su mirada en la puerta cuando esta cayó estrepitosamente contra el suelo, creando un gran ruido. Y entonces entraron unos 15 encapuchados, todos totalmente de negro.

-¡VEN AQUÍ VIEJO DE MIERDA!- Gritó uno de ellos, acompañándolo con unas risas.

-No tengo nada, no tengo nada-. Gemía el anciano, sujetándose a duras penas con su bastón.

-¡CLARO QUE NO TIENES NADA! ¡SOIS ESCORIA!¡Quién iba a querer daros algo?

Bob intentaba zafarse de aquellos hombres ignorando que estaba protagonizando una escena ridícula en aquél burdo intento de caminar hacia atrás

-¡NO HUYAS OTRA VEZ!

Uno de aquellos encapuchados le dió una patada a su bastón. Por ello, Bob no pudo evitar caerse, y justo tras golpearse contra el suelo varias manos le agarraron y le levantaron.

-¡AHORA VAS A VER LO QUE ES QUÉ ALGO SE CAIGA DE VERDAD!

Sacaron a Bob a rastras de su apartamento, y bajó cada tramo de escaleras a empujones. Golpeándose con todos los escalones mientras su cuerpo rodaba escaleras abajo.

-¿VES! ¡TE DIJE QUÉ ESTA RATA AGUANTARÍA VIVA HASTA EL PORTAL! ¡ME DEBES LA PASTA!- Gritaba uno de los encapuchados a otro.

-¿Qué tal Bob? ¿Te gusta el béisbol, no? Hemos traído -añadía otro hombre entre risas- unos bates de tu equipo favorito…

Y allí mismo, bates de béisbol en mano, a puñetazos y a patadas, le propinaron una paliza mortal al viejo Bob.

Algunos vecinos, al oír los gritos de Bob y las carcajadas de aquellos hombres, se asomaron a las ventanas. Vieron cómo sacaban a Bob por el portal. Ya estaba muerto. Estupefactos, presenciaron cómo ataban a Bob a la parte trasera de una furgoneta por una de sus piernas. Entre risas, dos hombres montaron en la furgoneta, y dejando un rastro de sangre, arrastraron el cuerpo de Bob por el asfalto de las calles adyacentes.

Cuando creyeron que había sido suficiente, volvieron al edificio y abandonaron el cuerpo de Bob enfrente del portal. Montaron todos en las furgonetas, y entre carcajadas, se dieron a la fuga.