Mensajes inquietos

El mensaje llegó inquieto, como un cachorro. Pero sólo aquél silencio podía acallarle y hacerle observar. Unos ojos cansados lo leían, sin provocar aquella lectura un sólo movimiento en su cara.

Aquello asustó al cachorro y huyó por la portilla de la finca, que estaba abierta.

Horas más tarde, un vecino del pueblo lo encontró en la carretera.

Lo habían atropellado.

Miradas nocturnas

Quizás él había comprendido algo ininteligible en aquella mirada de su amigo.
Quizás era algo que le había quedado pendiente.

Sea como fuere, había sido un comentario lacerado.
Tuvo que pasar un rato, para que se notase un pinchazo bajo la clavícula izquierda. Justo un palmo debajo.

Hubiese sido deseable que el balazo hubiese sido limpio; pero la bala había quedado atrapa en el corazón, luchando.
Irremediablemente, la única forma de finalizar aquella lucha era recurrir al olvido.

Lo que había hecho su amigo era como entrar en un edificio gritando. Su edificio. Su cabeza. Su mente. La primera reacción: Ignorar. Después alguien de un mostrador de recepción recordó haber leído algo parecido en algún informe. Pero era tarde, la sangre del que gritaba en medio del Hall ya teñía el suelo.

Carreras escaleras arriba, hacia algún despacho. A ver si alguien sabía como silenciar aquello. No importaba el motivo. O la ausencia de ellos.

La chica volvía a dirigir su mirada hacia los que le hablaban.

Vida urbana

Mientras tanto, en una oficina vacía e inexistente, alguien firma un folio en blanco. Agazapado tras un maletín. A la espera de una llamada.

Anochece en la gran ciudad. En un barrio de las afueras el sonido de un coche de policía entra en un apartamento. En el silencio de la soledad, se oye a un grupo de chicas reírse justo debajo de la ventana.

Sea pues reflejada la sociedad. Un día caerán los rascacielos que albergan nuestros destinos. Pero que sea otro día.

Se debe caer ante los sueños. No desesperen. O sí. Depende de lo que quieran ser.

Y la oscuridad entra por la ventana posándose sobre los papeles. Tras la última línea, la libertad de tus ojos.

El desconocido encapuchado

Ciertamente, el futuro es influenciado por el pasado. No sólo eso, el futuro es dominado por el pasado, es poseído por él.

Es por ello necesario ser ducho en el arte de la interpretación del motivo por el que la rueda del destino sigue girando.

Oscurantismo que dominaba las palabras del presente. Y una mirada de súplica al desconocido encapuchado que miraba compasivo como lanzaban una horda sobre él.

Una horda. Pobres ignorantes. Qué insignificante era todo aquello.

La balanza de Osiris

«And If I just mind wake up alone…»

-Entonces… ¿Comprendes que no luchar por mí te desgastará hasta que te consideres derrotado antes de empezar? ¿Y qué si luchas, serás rechazado y derrotado? ¿Por qué no me olvidas antes, si quiera, de querer recordarme?

-Ante una pérdida inminente… ¿No es lo habitual intentar obtener la derrota menos dañina?

-¿Qué vas a hacer, pues?

– Dado que luchar hasta el final es malgastar fuerzas y prolongar la derrota, lo conveniente es reagrupar al contingente y lanzar un ataque, directo a tu corazón.

-¿Y cuando mi cabeza te rechace y seas derrotado?

-No importará. Pues a esas alturas seré imbatible si me muevo rápido y evito una emboscada.

-Pero habrás perdido la batalla.

-Tú misma has dicho que la batalla está perdida antes de empezar. Una batalla perdida no implica perder un frente. Un frente perdido no implica perder la guerra.

-¿Sufrirá tu corazón?

-El peso de su importancia a la hora de decidir la estrategia debe ser menor que el de una pluma. De lo contrario, seré masacrado.

-No me has respondido.

-Ya sabes la respuesta. Eres tú la que me está obligando a movilizar a las tropas.

Corazón vs Nada

Un silencio estremecedor que hacía un corazón llorar de desesperación, mientras buscaba a su alrededor algo más que la Nada que le rodeaba. Una Nada incierta, que se presentaba como un futuro oscuro, como un mañana sin esperanza. Y lo que impedía a aquél corazón salir corriendo de aquella Nada, era el miedo. El miedo a que la Nada sólo albergara más Nada, más silencio. Y aquél silencio, lloraba.

Noches anaranjadas

Y por aquella ventana abierta, entraba el ruido de las olas chocando contra el muro del paseo marítimo.

La luz anaranjada y tenue de las farolas de la calle, acompañaba la oscuridad de la noche; y el brillo de sus ojos, que sonreían apoyados en la ventana.

Y desde aquél sofá salió otra sonrisa, como respuesta al sentido de la vida.

Una última cosa

El viejo Bob vivía en un tercero, en un apartamento de mala muerte en las afueras de la ciudad. En aquel momento, estaba echado en su sofá mientras veía un partido de béisbol en el que jugaba su equipo favorito.

Era media tarde y el barrio estaba prácticamente vacío. Por eso, el sonido de varios frenazos se oyó con claridad desde su sofá. Bob se levantó para mirar que ocurría, y al asomarse por la ventana alcanzó a ver tres furgonetas negras delante del portal, tenían todas las puertas abiertas . De ellas salían varios hombres, se disponían a entrar en el edificio.

A Bob, debido a su avanzada edad, le costaba mucho caminar. Aún así, decidió cruzar la habitación para llamar a la policía. Cuando ya había descolgado el teléfono, oyó unos gritos tras su puerta.

Todavía no había fijado su mirada en la puerta cuando esta cayó estrepitosamente contra el suelo, creando un gran ruido. Y entonces entraron unos 15 encapuchados, todos totalmente de negro.

-¡VEN AQUÍ VIEJO DE MIERDA!- Gritó uno de ellos, acompañándolo con unas risas.

-No tengo nada, no tengo nada-. Gemía el anciano, sujetándose a duras penas con su bastón.

-¡CLARO QUE NO TIENES NADA! ¡SOIS ESCORIA!¡Quién iba a querer daros algo?

Bob intentaba zafarse de aquellos hombres ignorando que estaba protagonizando una escena ridícula en aquél burdo intento de caminar hacia atrás

-¡NO HUYAS OTRA VEZ!

Uno de aquellos encapuchados le dió una patada a su bastón. Por ello, Bob no pudo evitar caerse, y justo tras golpearse contra el suelo varias manos le agarraron y le levantaron.

-¡AHORA VAS A VER LO QUE ES QUÉ ALGO SE CAIGA DE VERDAD!

Sacaron a Bob a rastras de su apartamento, y bajó cada tramo de escaleras a empujones. Golpeándose con todos los escalones mientras su cuerpo rodaba escaleras abajo.

-¿VES! ¡TE DIJE QUÉ ESTA RATA AGUANTARÍA VIVA HASTA EL PORTAL! ¡ME DEBES LA PASTA!- Gritaba uno de los encapuchados a otro.

-¿Qué tal Bob? ¿Te gusta el béisbol, no? Hemos traído -añadía otro hombre entre risas- unos bates de tu equipo favorito…

Y allí mismo, bates de béisbol en mano, a puñetazos y a patadas, le propinaron una paliza mortal al viejo Bob.

Algunos vecinos, al oír los gritos de Bob y las carcajadas de aquellos hombres, se asomaron a las ventanas. Vieron cómo sacaban a Bob por el portal. Ya estaba muerto. Estupefactos, presenciaron cómo ataban a Bob a la parte trasera de una furgoneta por una de sus piernas. Entre risas, dos hombres montaron en la furgoneta, y dejando un rastro de sangre, arrastraron el cuerpo de Bob por el asfalto de las calles adyacentes.

Cuando creyeron que había sido suficiente, volvieron al edificio y abandonaron el cuerpo de Bob enfrente del portal. Montaron todos en las furgonetas, y entre carcajadas, se dieron a la fuga.